derecho marítimo y la jurisdicción marítima en el sudeste asiático

Artículos Marítimos

Los problemas territoriales en el Mar de China Meridional se han incrementado en los últimos tiempos afectando una zona considerada de importancia crucial para el comercio marítimo mundial. Naciones costeras reclaman cada vez más firmes sus derechos jurisdiccionales.

El Mar de la China Meridional baña las costas de Brunei, China, Filipinas, Indonesia, Malasia, Taiwán y Vietnam. Más del 50% del tráfico mundial mercante navega por sus aguas. El petróleo que circula por él supone más de seis veces el que transcurre por el Canal de Suez en el mismo periodo de tiempo.


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La importancia económica de este entorno geográfico ha sido tradicionalmente un motivo de conflictos entre los distintos países costeros, quienes discuten acerca de la soberanía territorial de dos grupos de islas: Paracelso  y Spratley. Grupos de islotes de poca productividad, la mayoría de ellos desiertos e incultivables y que se elevan apenas unos metros sobre el nivel del mar.

Las islas y Zonas Económicas Exclusivas

En el caso del Mar de China Meridional la superposición de las Zonas Económicas Exclusivas  (ZEE) constituye la causa de la mayor parte de las disputas. Los grupos de islas Paracelso y Spratly son esenciales para establecer las demarcaciones internacionales entre los Estados y las respectivas ZEE.

China y Vietnam se han confrontado históricamente por la soberanía de las 130 islas que conforman el archipiélago de las Paracelso localizado a unas 200 millas náuticas de las costas de ambos países. En 1974, China ocupó militarmente las islas.

Las Islas Spratly son disputa y reclamadas, en parte o en su totalidad, por China, Vietnam, Filipinas, Malasia, Brunei y Taiwán. Aunque compuestas por más de 750 pequeñas islas, islotes, arrecifes y cayos, se calcula que únicamente 40 de las Spratly podrían ser consideradas como «islas» de acuerdo a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982. Este factor es determinante ya que en virtud al Derecho Marítimo Internacional, sólo las «islas» pueden ser objeto de una reclamación de soberanía. En enero de 1988, la República Popular China comenzó a ocupar militarmente algunas islas del archipiélago.

Aunque los incidentes en estas aguas han sido constantes a lo largo de los años, últimamente, posiciones cada vez más firmes por parte de los países litigantes han hecho crecer la tensión en la región.  En 2012 la armada china llevó a cabo maniobras con fuego real en aguas próximas a las islas Paracelso y días más tarde convocó un concurso de licitación para diecinueve yacimientos situados en la misma zona marítima. El ministerio vietnamita de Asuntos Exteriores emitió un comunicado indicando que ese concurso "constituye una seria violación de la soberanía de Vietnam". En mayo, barcos de guerra de Filipinas y China se vieron implicados en un incidente cerca del atolón Scarborough.

¿Por qué tan agresivos?

Las regiones de las islas de Paracelso y Spratly pueden tener grandes reservas de recursos naturales. Los funcionarios chinos tienen las estimaciones más optimistas de la riqueza de recursos de la zona. Según cifras citadas por la Administración de Información de Energía de EE.UU., una estimación china pone las posibles reservas de petróleo de hasta 213 mil millones de barriles – 10 veces las reservas de los EE.UU. Los científicos estadounidenses han calculado la cantidad de petróleo a los 28 mil millones de barriles. Según la Administración de Información de Energía, la verdadera riqueza de la zona podría ser reservas de gas natural. Las estimaciones valoran el área a tener reservas similares en cantidad a las reservas de Qatar. El área es también una de las principales rutas de navegación de la región, y el hogar de una zona de pesca que proporciona los medios de vida de miles de personas.

La problemática de derecho marítimo entre China y Japón

Por otro lado está la problemática existente entre China y Japón.  Los cancilleres de China y Japón, se reunieron en setiembre de 2012 en Nueva York (Estados Unidos), al margen de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, para conversar sobre el tema de las islas Senkaku (en japonés), o Diaoyu (en chino), pero no lograron avances para resolver el conflicto.

El conflicto sobre las islas se intensificó cuando el gobierno Japonés compró parte del archipiélago de un propietario privado; situación que molestó a las autoridades y a la población china, quienes respondieron con el envío de dos flotas de barcos para vigilar la zona.

Parte de la importancia del archipiélago es que por su ubicación, tiene vías marítimas con alto potencial para la pesca. Según fuentes japonesas, China comenzó a reclamar las islas en la década de 1970, cuando estudios sugirieron que  depósitos de petróleo y gas podrían encontrarse cerca de las islas.

Ambos países se comprometieron a «continuar las conversaciones» para llegar a un consenso favorable para las dos partes.
Un diplomático japonés le solicitó a China que conceda muestras de moderación en el conflicto, que está provocando millonarias consecuencias económicas para las empresas de su país, mientras que la parte china reafirmó que la decisión de Tokio de nacionalizar tres de los ocho islotes «es una violación flagrante de la integridad territorial de China».

Estados Unidos sostiene que una ZEE es una zona de recursos y no una zona de seguridad y que por lo tanto, siempre que se respeten los legítimos intereses económicos de los países, tiene el derecho de llevar a cabo actividades militares en aguas del Mar de China Meridional.

China parece considerar el océano -desde sus aguas costeras territoriales, pasando por su zona económica exclusiva, hasta la placa continental- de la misma manera que considera la tierra. China implementa  la doctrina "anti-acceso/negación de permanencia en una zona" que tendría como intención retar la superioridad naval de los EEUU en la región. En este sentido China ha venido repitiendo que el Mar de China Meridional no es un asunto de la incumbencia de Washington y que las actividades militares norteamericanas pueden poner en peligro sus intereses. No obstante, EEUU ha manifestado que lo que realmente está en juego es la libertad de navegación, ya que considera que la política China es un desafío a las normas de leyes marítimas internacionales generalmente aceptadas.

Toda la problemática planteada hace esencial, para salvaguardar la seguridad marítima, que las naciones de la región, conscientes de las diferentes interpretaciones de los derechos marítimos que existen entre ellas, trabajen juntas para alcanzar una mutua comprensión sobre las interpretaciones legales de las reglas descritas en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, que debería ser el marco central para la legislación regional en temas marítimos y la solución al problema. Pero cuando son tantos los intereses políticos y económicos el derecho marítimo internacional navega a la deriva.