Impacto que las banderas de conveniencia tienen sobre los marineros y tripulantes

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En la actualidad, los barcos con banderas de conveniencia son moneda corriente y esto es algo que mucha gente ignora. Para quienes no lo sepan, un buque con pabellón de conveniencia es un barco que navega bajo la bandera de un país diferente de aquél que ostenta la propiedad de dicho buque.

Hay muchos motivos por los que los armadores eligen una “bandera de conveniencia”. Puesto que en otros países las tasas de matriculación son menos costosas, los impuestos más bajos o incluso inexistentes, y la legislación laboral y sobre actividades orientadas a los adultos (como el juego y la bebida) más permisiva, el armador puede ahorrarse una cantidad significativa de dinero optando porque su barco navegue bajo una bandera de conveniencia.

El estatus de un buque respecto al pabellón de conveniencia tiene otras consecuencias, aparte del margen de beneficios que supone para el propietario: también puede afectar a la seguridad y bienestar de los pasajeros del barco y su tripulación. Por esta razón, la Federación Internacional de Trabajadores del Transporte (ITF), una organización sindical global, se creó para negociar en nombre de las tripulaciones que trabajan a bordo de buques con bandera de conveniencia.

Debido a que los barcos han de regirse por la normativa del Estado donde están matriculados, un armador puede eludir el pago de mejores salarios a la tripulación, ignorar estrictas regulaciones sobre seguridad y formación e incluso evadir el pago de impuestos en el país propietario del buque, siempre y cuando elija navegar bajo el pabellón de un país permisivo. Esta peculiaridad legal ha permitido a los armadores eludir responsabilidades y obligaciones económicas ante incidentes ocurridos en aguas internacionales.      

Muchos países compiten por que los buques se matriculen bajo sus banderas, destacando los bajos costes de matriculación, los impuestos reducidos o inexistentes, la escasa supervisión y una legislación mínima que cumple superficialmente la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS). Al no haber un organismo internacional que exija responsabilidades al Estado del pabellón cuando éste elude llevar a efecto las directrices internacionales sobre seguridad, los pasajeros víctimas de algún incidente o los tripulantes explotados apenas tienen posibilidades de obtener reparación.

La proliferación de buques con pabellón de conveniencia es uno de los resultados desafortunados de la globalización, que ha propiciado una tendencia al empeoramiento de las condiciones laborales y las retribuciones dinerarias de la tripulación. A menudo, la seguridad a bordo se sacrifica en aras del recorte de gastos, ya que hacer cumplir los estándares de seguridad puede incrementar el gasto que supone administrar y operar un buque. Esto anima a los armadores a contratar los trabajadores más baratos, que pueden haber recibido una formación escasa, así como ser incapaces de comunicarse de un modo eficaz que posibilite manejar el buque sin incidentes.

También los pasajeros pueden sufrir las consecuencias negativas del estatus de pabellón de un barco, cuando se produce un delito o siniestro navegando por aguas internacionales. Las víctimas de delitos dependen entonces del Estado de pabellón en cuanto a la provisión de recursos para la investigación del incidente y el procesamiento del infractor. Si dicho Estado no actúa al respecto, las víctimas se quedan prácticamente sin recursos, puesto que su país de origen no tiene jurisdicción sobre los buques que navegan por aguas internacionales bajo bandera de conveniencia. 

Por el momento, tanto los pasajeros como los empleados de los buques necesitan ser informados sobre los derechos que actualmente poseen y sobre lo que pueden hacer para proteger sus propios intereses y bienestar.